El cerco informativo se ha roto

           

            Esta noticia, que el cerco informativo en torno a los mineros, se haya roto, parecería buena en cualquier otra circunstancia; en esta no lo es.
            Los medios de comunicación burgueses y comerciales hacen daño a las luchas sociales por muchas vías, pero hay dos principales: la criminalización y el mutismo. El primero se aplica sin necesitar demasiadas excusas. Se busca el momento propicio para explotar los miedos y prejuicios burgueses en los que todos, obreros y marginados incluidos, hemos sido criados. Determinadas estéticas, determinados rangos de edad, son óptimos para excitar el terror de la moral burguesa que aún pervive en muchos de nosotros. El segundo se usa cuando los factores a criminalizar, si existen, no consiguen despertar la antipatía del grueso de la población. Entonces lo importante es ignorar la realidad, conseguir que la gente mire hacia otro lado, y que los conflictos mueran ahogados en silencio.

            Lo importante, por mucho que se diga lo contrario, no es lo que se hace, sino quién lo hace. A las pruebas me remito. La violencia no es condenable (por muy mala prensa que tenga per se) por ser violencia, sino por quién la práctica (no entraré ahora a valorar la violencia de arriba, y como sus guerras, secuestros, palizas, hambrunas, etc., suelen traérnosla al pairo). Quemar un contenedor (sí, hoy se entiende por violencia eso) si lo hacen un joven “con pintas” es vandalismo, terrorismo callejero, kale borroka, etc. Si lo hace un minero, un padre de familia, un tío como tú, consumidor habitual de televisión, puedes llegar a comprender que es defender con uñas y dientes el pan de tus hijos.

            Cuando empezó el conflicto de la minería, los mass mierda (edito: media) tiraron el anzuelo: voladores por aquí y por allá, barricadas en llamas, encapuchados, etc. Pero la mayoría no picó, así que tuvieron a bien cambiar rápidamente de objetivo (la Eurocopa, el calor que hace en verano, el abuelo que empieza a hacer natación a los 75 años, etc.). Sabían, obviamente, lo de la “Marcha Negra” hacia Madrid, y por ende que tenían que cambiar de táctica (¿cómo iban a poder ocultar si no el colapso de la capital provocado por los mineros y quienes les apoyan?). Coincidía que era el día de la mayor ofensiva anti-clases bajas que el Estado había protagonizado hasta ahora; que la lucha minera había dejado ser una lucha exclusiva de los mineros, y se les unían otros sectores profesionales y colectivos sociales; y que el cariz de la lucha, visto lo visto en Asturias y alrededores, podía ser de autentica Insurrección. Era la hora de romper el cerco informativo.
            ¿Y cómo lo hicieron? El Estado supo bien marcarles la pauta a los periodistas mercenarios. Todo este conjunto es más gilipollas de lo que creemos, pero tiene más experiencia acumulada de la que solemos atesorar los revolucionarios, y la experiencia sigue siendo un grado. Así que: cobertura durante todo el día a la tergiversada “manifestación pacífica” (“la gente siente demasiada afinidad con los mineros como para criminalizarlos mediáticamente con éxito, que de eso se encarguen nuestros tribunales y perros policías adiestrados”, debieron decirse); silenciar todo enfrentamiento y toda carga policial, o descafeinarlas, y sobre todo, que no se vean ni por casualidad las cabezas rotas de las dos compañeras de Madrid; silenciar también cualquier acto de solidaridad producido en el resto del Estado. Había que esperar para poner en marcha la segunda parte del plan: esperar a la noche, a que se conozcan los recortes y suba aún más la tensión hasta llegar al clímax; sacar primeros planos de los contenedores y las hogueras (todas los focos que no recibieron metros y metros de barricadas en llamas, les han sido dedicados a la estatua egregia del contenedor anónimo); relacionarlos con grupos anti-sistema (me imagino las instrucciones al operador de cámara: “a ver si pillas alguna cresta”); y el trabajo está hecho.
            Ahora ya pueden decir que los pobres y honrados mineros han sido instrumentalizados por los antisistema profesionales de la guerrilla urbana (a ver si se crea algún tipo de cizaña y alguna que otra fricción interna); que la violencia (la de los contenedores, no la de una veintena de policías pateando a dos compañeras) es siempre condenable; y que la legítima lucha minera (con sus “pequeños excesos”) nada tiene que ver con la violencia descontrolada de los jóvenes marginales y piojosos.
            Esa es su idea, ¿lo han conseguido?
            Creo que la situación es tan insostenible que, aunque lo hubieran logrado, ya no debemos preocuparnos por aquellos que se crean esa milonga. Los mineros saben quienes están a su lado y quienes los detienen, encarcelan, linchan, amenazan y asedian. La gente puede abominar mucho un tipo de “violencia” concreto y convertido en artefacto/mercancia de la “sociedad del espectáculo”, pero hasta al más masoquista le tiene que revolver un poco el estómago la aplicación de ciertos recortes.
            Creo que podemos empezar a darnos cuenta de que somos demasiado buenos, de que en un “país” (vamos a llamar a esta abstracción carcomida y casposa de alguna manera) donde se rescatan bancos con dinero público, se hacen draconianas reformas laborales, se dejan de financiar infinidad de medicamentos, se sube el IVA (el reducido y el general) afectando a los productos de primera necesidad, se recortan las ayudas a los impedidos y discapacitados y a quienes les asisten, se aumenta la edad de jubilación, se reduce la prestación de desempleo desde el séptimo mes, se suprime la deducción por vivienda (encareciendo el precio de las mismas); en un “país” donde se nos humilla y provoca, una puerca (sí, la imagen que os ha venido a la mente al leer la palabra es correcta, hablamos de Esperanza Aguirre) subestima y se burla de una lucha a tumba abierta infravalorando a millares y millares de personas, donde otra lanza un sonoro “que se jodan” cuando se habla en el “Charlamento” de recortar la prestación por desempleo; en definitiva, de que en un “país” donde están pasando todas estas cosas lo lógico sería que no quedara un político que no estuviera colgando de una farola, ni una comisaria que no fuera reducida a llamas con sus “empleados” dentro, ni un banco que no fuera saqueado, ni una mansión que no fuera expropiada, ni un centro comercial que no fuera pasto del pillaje, ni un explotador que pudiera vivir en paz.
           
          En vez de eso, de hacer lo “lógico”, lo “razonable” cuando te dicen que tus mayores van a morir sin atención, que no vas a tener comida que poner en la mesa, que vas a perder tu casa y no vas a conseguir ni una madriguera cual fiera, y que si consigues trabajo vas a morir de viejo con la herramienta en la mano, la gente es tan buena que se conforma con cortar calles, protestar y morirse de rabia. En un lugar así, no me preocupo por la criminalización planteada por el Sistema, porque lo “ilógico” a veces fallece a golpes de realidad; porque a veces se descubre que lo que es “malo” es ser “bueno”, que ser “bueno” significa para ellos ser tonto, y que para nosotros puede dejar de ser “malo” empezar a tener DIGNIDAD.
Fdo.: Félix Rodríguez de Vesania