Notas para un proyecto revolucionario en torno a la vivienda

La vivienda es un bien de primera necesidad, por lo que su situación afecta al grueso de la población. Tenemos cientos de miles de casas vacías en manos de entidades financieras, un número de desahucios inasumible y muchas familias actualmente sin techo que se suman a los individuos que llevan décadas en la indigencia. Las personas afectadas por esta situación son las más pobres entre los pobres, víctimas de una pobreza endémica, y también los miembros de la llamada clase obrera relegados al paro y la intemperie.
¿Cómo articular una respuesta a esta situación de emergencia que pueda derivar en un proyecto revolucionario?


1. Debe tratar de aglutinarse a todos los compañeros interesados en intervenir en esta lucha.

2. Convocar en barrios populares asambleas públicas de desahuciados y afectados donde expongan sus demandas y compartan información sobre inmuebles vacíos por la zona. Se puede contar con la colaboración, de ser necesario, de asociaciones de vecinos o colectivos barriales.
3. Designar un grupo de trabajo (oficina de vivienda y realojo) que con esa información, más la obtenida en internet o en sondeos por el barrio, realice un estadillo de viviendas vacías por la zona propiedad de bancos, inmobiliarias o multi-rentistas (estratégicamente es preferible decantarse por los embargos bancarios). Cotejar la información dudosa en el registro de la propiedad solicitando notas simples.
4. Desarrollar un mapa de trabajo donde se localicen todas las viviendas susceptibles de ser ocupadas en ese barrio en cuestión o, si se cuenta con el número adecuado, en una localidad entera.
5. Designar y organizar grupos de intervención, compuestos de militantes y afectados, que se encarguen de ocupar las viviendas el día y el momento señalados. Formarse previamente para la ocasión. Estudiar la forma de entrar en cada vivienda.
6. La oficina de vivienda, también preferiblemente compuesta de militantes y afectados, debe elaborar una lista de demandantes de vivienda y, usando el estadillo previamente diseñado, asignar racional y proporcionalmente cada inmueble a cada demandante o grupo de demandantes, en función del número de miembros y las necesidades especiales de cada uno. Cada demandante (salvo excepciones justificadas) participará en la ocupación de su propia vivienda.
7. Organizar una comisión económica o tesorería encargada de recabar los fondos necesarios.
8. Organizar una comisión judicial encargada de defender y dar respuesta a la posible reacción gubernamental.
9. Elaborar un comunicado que aclare que los vecinos de la zona en cuestión se declaran soberanos para gestionar por sí mismos la problemática de la vivienda ante la rapiña de los bancos y la connivencia e ineptitud de las autoridades. Manifestar que se pasan a expropiar los inmuebles embargados por los bancos y que se ponen a disposición social (socialización).
10. Proceder a la ocupación masiva.
11. Convocar una rueda de prensa dando a conocer el comunicado y planteando la situación como un desafío declarado a las instituciones y una forma de gestión popular directa de un recurso público.
12. Tratar de extender el ejemplo más allá de dicha localidad hasta que se alcance un estatus en el que se pueda hablar de que una parte considerable de las viviendas abandonadas en manos de los bancos han sido colectivizadas.

Nueva política de realojos

Desde que la FAGC empezó a realojar a personas sin techo y sin recursos (2011) hasta ahora, hemos aprendido mucho. El conocimiento adquirido nos ha llevado a modificar nuestra metodología cotidiana y a perfeccionar nuestras tácticas. En un principio la ingenuidad prevalecía, y el espíritu amplio, generoso y humanitario tan propio por otra parte del anarquismo, y tan necesario aunque sea como basamento– nos hacía desoír las advertencias de los más desconfiados. Cuando nos disponíamos a abrir las primeras casas, surgió el debate de si seleccionar (cribar) o no a los realojados; primó la postura idealista, espontaneísta, la que estaba convencida de que cualquier filtro supondría excluír a los más necesitados de un bien común reproduciendo las pautas del Sistema. Cuando realojamos a los primeros elementos nocivos (gente que llegó incluso a denunciar a algún compañero por no instalarle agua o luz) nos dimos cuenta de que, por pura supervivencia, era necesario ser más selectivos.

Con el tiempo se nos presentaron algunos casos dudosos. Surgió entonces el debate de si pedir o no documentación que avalara la situación económica y social de los realojados. Nuevamente volvió a prevalecer la visión más esencialista, que defendía que esto era tanto como volver a establecer una burocracia interna y a reforzar las formas de control social del Estado. Cuando surgieron las primeras personas que solicitaban casa simplemente para tener una segunda vivienda y vivir de las rentas, las que tenían ingresos más que respetables, las que directamente se inventaban familia e hijos y también los primeros casos de absentismo, nos dimos cuenta de que pedir documentación que confirmara lo declarado por los potenciales realojados era un método de cierta importancia para evitar compartir recursos con quien precisamente menos los necesita. 

Con el paso del tiempo las lecciones han sido más numerosas y más duras, pero también ha sido mayor nuestra capacidad de absorverlas. Hemos comprobado cómo mucha gente a la que ayudadabamos no sólo se inhibía una vez solucionado su problema, sino como incluso se pasaban al bando contrario (si es que alguna vez lo habían abandonado). Hemos comprobado como la víctima de ayer, sin ingresos y sin casa, se convertía en el victimario de hoy en cuanto obtenía ambos, capaz de someter a otros a las mismas condiciones de miseria por las que él transitó. En vista de esto, perdemos el miedo a mostrarnos rigurosos y reconsideramos nuestro punto de vista primitivo según el cual para que alguien fuera capaz de ayudar primero había que demostrarle capacidad de ayudarlo. Sea eso cierto o no, por propia seguridad hemos de explorar otras vías. Por ello, guíados por la experiencia y la convicción de que la transmutación de las condiciones materiales no altera necesariamente la actitud de alguien si no se produce previa o simultáneamente un cambio interior, añadimos un 5º punto a nuestra lista de requisitos y manifestamos que:  

La FAGC no ayudará a realojar a nadie que no pueda acreditar unos ingresos inferiores a 430 euros mensuales (certificado del paro).

Que no pueda demostrar que carece de patrimonio o de otra opción habitacional (certificado de signos externos).

Que partiendo de que se le da prioridad a las personas con hijos menores al cargo– no pueda documentar la existencia de dichos hijos, presencial y documentalmente (libro de familia).

Que, en caso de ser necesario, no pueda ofrecer documentación complementaria que atestigüe lo precario de su situación (órdenes de lanzamiento, sentencias de desahucio, contratos de alquiler, etc.).

Que no esté dispuesto a proceder a abrir, él o ella misma, su propia vivienda.
Evidentemente, quedan excentas del 5º punto las personas ancianas, enfermas o en condiciones especiales, y del resto sólo aquellas que excepcionalmente por su situación (legal/social) no puedan acceder a dicha documentación. 
La FAGC recibe entre 2 y 3 solicitudes de vivienda diarias. Antes de dar a conocer este documento, ya estabamos aplicándolo en la práctica. El resultado en las primeras semanas ha sido que más de un 80% de demandantes de realojo han desistido de ocupar en cuanto les tocaba pringarse a ellos. El dato puede parecer triste, pero en puridad no es más que un retrato social. Estas cifras sólo nos dan ganas de luchar, de invertir la dinámica, de torcerle el gesto a quienes nos prefieren cómodos y adocenados.  

Comunicado de desvinculación

En los últimos 2 años la FAGC ha dedicado el 70% de su esfuerzo y tiempo a la Comunidad «La Esperanza» (desde que socializó sus bloques a comienzos del 2013). En el último año podría decirse que casi el 100%. Sí, hemos convocado piquetes y parado desahucios, hemos asesorado a una media de 5 personas diarias sobre vivienda, hemos realojado a familias fuera de la Comunidad y hemos participado en otros proyectos habitacionales; pero ha sido «La Esperanza» el que se ha llevado gran parte de nuestras energías y recursos. 
«La Esperanza» (que en un principio no tenía ese nombre) nació con la aspiración de ser esencialmente un proyecto de realojo, aunque siempre supusimos que por sus características, si se hacía bien, podía convertirse en una de la ocupaciones más grandes del Estado, en un referente. La aspiración de que pudiera ser también un modelo a escala de sociedad libertaria vino un año después, y surgió no sólo de unos ideales sino, sobre todo, de una urgente necesidad de conseguir que el proyecto funcionara y superara derivas poco prácticas y autoritarias. 
El compromiso de la FAGC con el nuevo viraje del proyecto fue total: algunos miembros fueron a vivir allí a tiempo completo, se volcaron en la organización del proyecto y trabajaron con todas sus fuerzas en labores que iban desde mantenimiento, realojo, el huerto o garantizar el suministro de agua. Invirtieron sus pocos ingresos personales y los del resto del grupo en ayudar a que todo marchara. Se expusieron públicamente y sufrieron por ello el acoso policial y un torbellino de denuncias y multas que aún está lejos de acabar. Más no pudieron hacer con lo que tenían.
Y ¿para qué tanto esfuerzo? En primer lugar para conseguir darle a la gente sin hogar un techo, ese es el hecho primigenio desnudo. Después para demostrar, a los afectados, a la sociedad y a nosotros mismos, que las herramientas anarquistas (de apoyo mutuo, de actuar sin intermediarios y de vulnerar sistemáticamente el arbitrio de la ley) eran inminentemente útiles y una vía práctica para mejorar las condiciones de vida y acercar la emancipación económica. En una clave más ambiciosa, para contrastar la viabilidad de un pequeño sistema anarquista a través de la experiencia en una comunidad humana organizada voluntariamente de forma libertaria. 
Con el paso del tiempo la totalidad de esos objetivos se cumplieron (de forma positiva hemos de añadir), pero la realidad y el día a día nos fue poniendo otros objetivos improvisados en nuestra agenda.
Partiendo de que el Estado no permitiría que la ocupación se prolongara sine die, pusimos los mimbres para conseguir algo con lo que, en conciencia, no estabamos de acuerdo: conseguir la regularización de la ocupación. La causa mayor era garantizar el suministro regular de agua, pero para ello había que partir de un intento de «legalización». Redactamos las exigencias tratando de hacer un planteamiento realista y asequible, rellenamos documentos legales y solicitudes y llevamos estas demandas a los medios de comunicación. Pero en nuestra calidad de anarquistas se nos planteaba un dilema: recorrer la vía legal hasta el final y hacerlo ejeciendo un papel de mecenazgo que precisamente intentamos demoler desde que iniciamos el proyecto. 
Después de largas reflexiones hemos llegado desde hace meses a una resolución que hoy hacemos pública:
La FAGC se desvincula de la Comunidad «La Esperanza». Algún miembro seguirá colaborando con el proyecto, pero lo hará a título individual. 
Creemos que para que la Comunidad se haga responsable de sus propios errores o aciertos es necesario que rompa el cordón umbilical con cualquier colectivo o persona, por insertos que estén en ella. Creemos que lo importante no es guíar el camino ajeno, sino compartir las herramientas para recorrerlo; la Comunidad ya tiene dichas herramientas asamblearias, autogestionarias y libertarias, y si las sigue usando o las desecha solo a ella le compete. Creemos que para que pueda recorrer, si lo estima necesario, la vía legal hasta sus últimas consecuencias, es necesario que no cuente con la cortapisa de un grupo de personas que precisamente iniciaron el proyecto como desafío a la legalidad y que se declaran al margen de esta en su hacer cotidiano y en sus aspiraciones políticas. Creemos que aunque eso supusiera la muerte del proyecto, o la deriva de la Comunidad hacia posiciones autoritarias, partidistas o pro estatistas, en eso se basa precisamente la anarquía: en permitir que la gente decida por sí misma, con independencia de que las decisiones que tomen no sean las más adecuadas. 
Sabemos que en cuanto esto circule partidos y colectivos que responden a intereses muy concretos irrumpiran en la Comunidad (de hecho tenemos constancia de que ya lo han hecho), pero no iniciamos esto para ponerle nuestro label a nada ni para atesorar ningún mérito; lo hicimos por convicción, y esta no necesita alimentarse con premios, proselitismo o reconocimientos. 
Hemos aprendido mucho en esta lucha y son precisamente estas lecciones las que nos han llevado a reafirmar lo que ya no son sólo teorías, lo que nos hace firmar este comunicado: cada uno debe responsabilizarse de sus propios actos; se ayuda más alguien compartiendo herramientas con él pero dejando que se desenvuelva por sí mismo que solucionando todos sus problemas; la lucha por la igualdad económica no garantiza ausencia de actitudes jerárquicas y es necesaria una evolución interior; más que fomentar valores comunitarios hay que desarrollar conciencia individual y criterio propio; cambiar las condiciones materiales de la gente es sólo un trazo de un cuadro más amplio, si no cambiamos el dibujo por completo ese trazo será sólo una mancha oscura e imperceptible sobre un fondo negro. 
En breve daremos a conocer todas estas lecciones a través de un texto más profundo y amplio. Mientras, sólo podemos ratificar que aunque con el paso del tiempo llegue a olvidarse la labor de la FAGC en «La Esperanza», su participación en una de las ocupaciones más grandes de este joven siglo, nosotros seguiremos luchando, en otras barricadas, con otros objetivos, pero siempre en el mismo frente. Y eso sí: si algún día se llegara a producir el desalojo de «La Esperanza» ahí encontraran a la FAGC, en el piquete, megáfono en mano, con el puño airado, cerrando el paso a los desahuciadores, codo a codo con sus antiguos vecinos. 
FAGC

Entrevista para A-Radio Berlín

Aprovechando nuestra participación en el pasado «Otoño Libertario» que organiza el Sindicato del Metal de la Federación Local de la CNT madrileña, los compañeros de GLAD (Grupo Libertario de Acción Directa) tuvieron a bien entrevistarnos para la Radio Anarquista de Berlín. 

Aquí está el enlace original y una breve introducción a la entrevista: La FAGC y la Comunidad La Esperanza
Aquí un interesante análisis de la misma que hemos encontrado por la red: «La Esperanza»: Honestidad y experiencias

Y aquí la subida a youtube: 

[youtube=https://www.youtube.com/watch?v=d2trZSaMEkc&w=320&h=266]

Hoja de ruta de un proyecto social libertario

Mucho de lo que se menciona en esta hoja de ruta ya se está haciendo. Somos conscientes de ello. Pero, mayoritariamente, sin coordinación o sin un plan visible que plantee transcender del 4º punto de esta estrategia. Falta la idea de «ir un paso más allá» y que esta se concrete en un programa tangible; falta la idea del desafío y el pulso al Sistema, que se da por sentado y no se plasma. El plan que aquí proponemos está pintado con trazos gruesos. No es detallado porque depende de la aplicación que quiera dársele en cada situación específica. Es por tanto un esbozo, un documento de trabajo, abierto al debate, las propuestas y las enmiendas. Creemos que es necesario empezar a dar estos pasos y, más importante todavía, que se articulen con trabajo, con mucho trabajo práctico.

1. Aprovechar todos los medios contra informativos existentes y las estructuras previas disponibles para hacer difusión del proyecto y de las ideas y propuestas libertarias. Sin olvidar que la propaganda no es el eje de un proyecto; lo son las acciones.
2. En vista de que no hay mejor propaganda que la de «el hecho», difundir esas ideas y propuestas a través de prácticas sociales cotidianas. Aplicando las tácticas libertarias concretas que mejor garanticen a nivel local la consecución de nuestra estrategia global. 
3. Intervenir en las luchas y reivindicaciones populares con un discurso propio y diferenciado, compartiendo herramientas y soluciones propias, pero siendo conscientes de que hay que abordar los problemas sociales con alternativas libertarias prácticas y no tratando de imponer inquietudes meramente personales que aún no se han desarrollado en el interior de la gente. Hay que saber elegir el momento y el interlocutor adecuado.
4. Crear redes de asambleas barriales sobre temas concretos acuciantes: alimentación, vivienda, educación, sanidad, trabajo (contando con la participación de sindicatos libertarios si lo desean). Ofrecer alternativas y acciones resolutivas que impliquen directa y necesariamente a los asistentes: ocupación de viviendas, expropiación de terrenos, socialización y colectivización, huelga de alquileres, soberanía alimentaria, etc. 
5. Plantear las acciones de «recuperación» como un conflicto y un desafío a las instituciones. Retratando su incompetencia e inutilidad. Demostrando que todas las alternativas parlamentarias, incluyendo las de nuevo cuño, son incapaces de dar respuesta a la necesaria emancipación económica. 
6. No desdeñar valerse de los medios de comunicación masivos (comprendiendo su naturaleza e intereses) para plantear públicamente este pulso y abrir debate. 
7. Empezar a gestionar recursos públicos (a los que se les niega este carácter), como bolsas de vivienda, terrenos abandonados, empresas vacantes, suministros acuiferos o energéticos «liberados», a través de estas asambleas de vecinos y de trabajadores. 
8. Contar con una red solidaria anti represiva adecuada que pueda dar respuesta a la reacción gubernamental. 
9. Las alianzas tácticas deben realizarse en el plano meramente práctico, de trabajo. Tratar de sintonizar ideas es una batalla de desgaste innecesaria. Trabajar con quien esté dispuesto mientras se acepten los mínimos de autonomía individual y colectiva, autogestión y anti parlamentarismo. 
10. La aspiración es que los asuntos barriales los decidan los vecinos, los laborales los trabajadores y los alimentarios los consumidores. Partiendo de estas advertencias: 
10.1. No se puede elaborar este proyecto sin atacar al Sistema. Sin la vía del conflicto acabamos solucionando los motivos que originan el descontento de la gente y apagando su rebeldía, volviendo a revalidar el Capitalismo. 
10.2. Ayudar a la gente no la cambia. La igualdad económica no es garantía de ausencia de jerarquía. Es imprescindible que la gente sea la protagonista de su propio proyecto de cambio social y personal. Si no, de nada sirve esta hoja de ruta. 
10.3. El desafío a la legalidad es inherente al proyecto. Desafiar la legalidad para reclamar volver a ella es una mala puerta giratoria, por pragmática que nos parezca.

La FAGC y la represión

La FAGC y la represión
Solicitud de apoyo mutuo
Durante los 4 años de existencia de la Federación Anarquista de Gran Canaria el encontronazo con la represión policial y judicial ha sido una constante. Cuando estábamos inmersos en una campaña puramente disolvente y atacábamos a las instituciones político-financieras, criticábamos a los movimientos sociales profesionalizados, reventábamos manifestaciones a los sindicatos amarillos, o hasta cuando iniciamos una campaña contra el matonismo policial, no sufrimos tanto los efectos de la represión cómo ahora, que nos centramos principalmente en realojar a familias sin recursos.
Las autoridades prefieren que los anarquistas quemen los cajeros de los bancos a que ocupen sus viviendas abandonadas y las socialicen. Lo primero entra dentro del guión, es la imagen que esperan, queda bien en las portadas de sus periódicos; lo segundo los descoloca, no saben cómo criminalizarlo y sienta además un fatal precedente.

En el último año y medio, justo cuando menos recursos tenemos y cuando la represión o el exceso de trabajo ha ido menguando nuestro número, es cuando hemos llevado a cabo nuestra actividad más frenética y productiva. Sería difícil enumerar el número de familias realojadas, más aún el de personas (calculamos que desde mediados del 2013 más de 400 personas han vivido bajo techo gracias a la FAGC), y también el de inmuebles expropiados (a partir de la misma fecha, más de 200 viviendas han sido socializadas en distintos puntos de la isla). El mayor número de realojos se han dado en este último año, realojando a 102 personas en un sólo trimestre.
Esta actividad, que arroja un saldo de resultados tan positivos (al menos numéricamente), también se cobra su cuota de sangre y represión. La FAGC es la punta de lanza de una campaña de realojo cuyas consecuencias represivas paga en solitario. Aunque mediáticamente tengamos que exigir medidas legalistas para regularizar la situación de los realojados, esto es sólo la parte final de nuestra “política de hechos consumados”1. La realidad es que llegamos a ese punto después de un corolario de acciones meditadamente ilegales. Sí, vivimos necesariamente al margen de la legalidad, quebrantándola de forma sistemática: abrimos viviendas abandonadas, cambiamos sus cerraduras, facilitamos si podemos suministro eléctrico y acuífero, etc. A parte de eso nos implicamos en la gestión de comunidades humanas (más públicas o más discretas), enfrentándonos el desafío de saciar necesidades básicas con las pocas herramientas de las que disponemos. Estamos en el filo de una navaja bastante afilada que siempre tiende a cortar por el mismo sitio.
Pero no somos mártires ni inconscientes. No hacemos esto víctimas de un rapto de locura, deseosos de inmolarnos o bajo la incapacidad de medir las consecuencias. Siempre hemos sabido a lo que nos exponíamos. Simplemente nos hemos visto obligados, por sensibilidad, compromiso y convicción, a ayudar a los más desfavorecidos. Barajábamos que para cuando el Sistema se dispusiera a enseñar los dientes compondríamos ya parte de una pequeña guerrilla; la realidad es que esto se ha convertido más bien en una batalla de francotiradores. Empero, hemos de reconocer que ya habíamos hecho este calculo. Sí, es mucho y muy gratificante el reconocimiento por el trabajo realizado; pero si no tenemos a nuestro alcance redes anti represivas previamente organizadas, las amenazas de cárcel, los juicios y detenciones deben cargarse siempre sobre las mismas espaldas. Sin una coordinación que tenga transcendencia fuera de lo local, no podemos dedicar todo nuestro tiempo y esfuerzo al frente de lucha de la vivienda y simultáneamente a organizar dichas redes de solidaridad.
Muchos de nuestros compañeros y compañeras han temido por su seguridad y han decidido bajarse del tren en marcha; muchos realojados, precisamente los más comprometidos con devolver la solidaridad recibida, han seguido el mismo camino. Los más vinculados a la FAGC pagan sin apenas apoyos el precio de una actividad comprometida y también el de estas comprensibles “deserciones”. Compañeros concretos, los que más dan la cara y se exponen, son asfixiados con sanciones administrativas (multas por alteración del orden público en lugares en los que ni siquiera estaban o por producir altercados en manifestaciones a las que ni siquiera pudieron acudir), denunciados ad nauseam por los más peregrinos motivos, acribillados con reclamaciones kafkianas derivadas de la represión2, etc. La idea es inmovilizarlos, ahogarlos en papel, desangrarlos económicamente. La burocracia es otra forma de reprimir. En el peor de los casos se atan las manos del afectado enredándolo en interminables recursos y gestiones legales, y se le obliga (a él y a su colectivo) a invertir sus escasos recursos en abogados, procuradores, tasas y multas (más de 560 euros hemos gastados los últimos dos meses); en el mejor, alguna condena de cárcel. Muchas denuncias se van archivando o sobreseyendo, pero aún se le exigen a uno de nuestros compañeros 5 años de cárcel. La situación económica ha sido tan dura (ya que hemos tenido que desviar casi todos nuestros fondos a contener la represión) que nuestro silencio cibernético de los últimos meses se debe en gran parte a que no hemos tenido medios ni para costearnos Internet.
Visto lo visto, no queda más que solicitar la solidaridad de quienes apoyan nuestra labor. Cuando hicimos circular el número de cuenta para apoyar a la Comunidad “la Esperanza” en un primer momento se pensó que una parte podría ir destinada para los gastos anti represivos. Sin embargo, la propia FAGC rápidamente decidió trazar la frontera: el dinero de esa cuenta iría destinado exclusivamente a los gastos (de agua y similares) de la Comunidad, para de esa forma evitar equívocos y delimitar prioridades. Lo propusimos en asamblea y los vecinos aceptaron. Por tanto, todo lo donado se ha dedicado exclusivamente a ese menester. Ahora la soga represiva estrecha su nudo y nos vemos obligados a repetir el llamamiento, pero en este caso para soportar el acoso jurídico-administrativo-policial al que es sometida la FAGC. Sinceramente no tenemos muchas esperanzas en esta iniciativa. Las compañeras y compañeros más generosos de todo el Estado (e incluso de Alemania) han hecho ya tremendos esfuerzos para solidarizarse con nuestra labor a través de sus aportaciones a la Comunidad. Son individuos, colectivos y sindicatos que no reciben subvenciones de ningún tipo y que dependen de su trabajo o de las contribuciones de sus componentes para sobrevivir. No pretendemos, por tanto, que nadie tenga que hacer dos veces el mismo esfuerzo. No obstante, y para que no quede constancia de no haber gastado este último cartucho, hacemos este último llamamiento de solidaridad:
1º Primero nos gustaría ir tejiendo esa red a la que nos referíamos. Contactar con compañeras y compañeros dispuestos a dar cobertura ante un posible recrudecimiento de la represión que hagan llegar la información al menos a los medios contra informativos. Gente dispuesta a levantar la voz para que nuestros compañeros no puedan ser represaliados en silencio.
2º Que cualquier compañera o compañero versado en temas legales, abogados y procuradores se ofrezcan a asesorar y, en caso de ser necesario, a colaborar a unos precios asumibles, lejos de la sangría a la que actualmente estamos siendo sometidos.
3º Mientras esto se articula, necesitamos colaboración económica para hacer frente al aluvión de gastos judiciales que se nos están presentando y que han ocasionado que actualmente los principales afectados tengan sus cuentas bancarias embargadas. Para ello abrimos una nueva cuenta (saneada y segura) para que quien lo desee puede hacernos llegar su solidaridad (cualquier duda sobre la cuenta ponerse en contacto con nosotros en anarquistasgc@gmail.com):
ES45 0239 2026 6130 4004 8866
Usaremos la baza de la solidaridad pero si no sale cómo esperamos, nada de preocuparse compañeras y compañeros; no hay nada que nos haga desviarnos de nuestro camino. Las tácticas cambiarán, los proyectos morirán con la misma facilidad con la que renacerán otros, recapacitaremos y trazaremos nuevas vías, lucharemos en otras partes y de otros modos, pero nunca pararemos, nunca desviaremos nuestros pasos de nuestro objetivo prioritario: aproximar, para todos los que quieran construirla y vivirla, un poco de dura y bella Anarquía.
Reprimiendo pueden hacer que nos replanteemos nuevas formas de asestar nuestros golpes, pero no pueden, porque son incapaces, desarmarnos. Quizás nos estén obligando a ser más imaginativos e ingeniosos, a simplemente inventar nuevas formas de lucha que ni su rodillo represivo pueda aplastar. Sí, la FAGC podrá desaparecer algún día o cambiar de nombre (¿qué importan las siglas?), pero el espíritu que la impulsa es más fuerte que los grilletes del Estado, que sus calabozos, sus cárceles y sus leyes. Ya pueden usar todo su papel matasellado y su acero porque ni hundiéndonos bajo los tomos de todas sus leyes ni encerrándonos tras sus barrotes van a lograr detenernos. Hay cosas que no mueren. 
______________
1Un banco o un organismo público jamás ofrecerá un alquiler social si no se le somete a esta política. No se les puede “pedir” la concesión de un alquiler sobre casas vacías; si queremos obtenerlo hemos de hacerlo sobre viviendas previamente ocupadas y forzarles a concederlo como única forma de resolver el conflicto. Su egoísmo intrínseco les hará optar por el “mal menor”.
2Advertimos: si la policía os agrade y no estáis de acuerdo con el parte de lesiones realizado durante la detención y decidís ir por vuestra cuenta a urgencias o al médico de cabecera, al referir que es una agresión se os cobrarán los gastos si en el plazo que os exige la seguridad social no presentáis la denuncia. Tres reclamaciones y amenazas de embargo tiene uno de nuestros compañeros que no ha conseguido hacer entender a ningún funcionario que aún está intentado reunir el dinero para interponer una querella en condiciones.

Entrevista a la FAGC del Pèsol Negre

Parlem amb companyes de la Federació Anarquista de Gran Canaria

Cuando La Esperanza es la última opción

Por Guille Larios, Santa María de Guía en La Directa

El proyecto de okupación más grande del Estado español, en Gran Canaria, aloja familias con elevado riesgo de exclusión social. “De todos los excluidos sociales, en la Esperanza viven los más excluidos”. Así comienza la presentación Ruymán Pérez [Rodríguez], miembro de la Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC) y portavoz de la Comunidad Esperanza, para describir la […]

El proyecto de okupación más grande del Estado español, en Gran Canaria, aloja familias con elevado riesgo de exclusión social.
“De todos los excluidos sociales, en la Esperanza viven los más excluidos”. Así comienza la presentación Ruymán Pérez, miembro de la Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC) y portavoz de la Comunidad Esperanza, para describir la situación humana en los bloques de pisos ocupados en el municipio gran canario de Santa María de Guía y los terrenos que conforman la okupación más grande de España.
La Esperanza es un proyecto para alojar familias con elevado riesgo de exclusión social y desamparo. Sólo pueden residir familias con menores a cargo, que no dispongan de ninguna propiedad y reciban menos de 426 euros mensuales (correspondientes a la prestación canaria de inserción (PCI)). Sin embargo, una parte de los cuatro bloques ocupados, formado por viviendas individuales, se destina al re-alojamiento de personas solas con trayectorias vitales de riesgo.

“Aquí, la mayoría de personas provienen de situaciones de pobreza crónica y desahucios, de la indigencia, los malos tratos domésticos, la inmigración sin papeles, la malnutrición, las enfermedades crónicas y la recogida de chatarra. La Esperanza no es un empleo más; a pesar de la convicción y la reivindicación, está movida por la supervivencia y la necesidad. Es la última salida antes de caer en la pobreza y marginalidad “afirma Ruymán.
Formada por cuatro grandes bloques de pisos inter-comunicados color verde pastel y unos terrenos anexos que las familias desescombrar para convertirse en un huerto del que abastecerse, una gran grúa brota desde una de sus calles interiores; herencia inamovible que se ha integrado como parte del paisaje comunitario. La puerta de acceso se encuentra integrada en un gran muro levantado por las vecinas para resistir un eventual desalojo y, encima, un mural hay reza: “Comunidad la Esperanza: lo último que se pierde”.
La comunidad nació en enero de 2013 impulsada por la Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC) y fortalecida por las luchas que tomaron fuerza a las islas con el 15M contra los desahucios, que golpearon con fuerza el archipiélago. Los cuatro bloques de viviendas fueron puestos a disposición de 73 familias sin recursos, un total de 260 personas, 160 de las cuales son niños.
Los cuatro bloques de viviendas fueron puestos a disposición de 73 familias sin recursos, un total de 260 personas, 160 de las cuales son niños
La FAGC, que en ese momento desarrollaba iniciativas como el Grupo de Respuesta inmediata contra desahucios y la Asamblea de inquilinos y desahuciados, contactó con la propietaria de los bloques deshabitados y obtuvo una cesión para alojar familias sin recursos.
Aún así, Ruymán defiende que la labor de la FAGC no es el asistencialismo; “En un primer momento, liberamos una vivienda para que la gente tenga una base desde donde empoderarse y ofrecemos las herramientas y principios libertarios como forma de organización y vertebración comunitaria.
A la Esperanza se apuesta por la acción directa, el apoyo mutuo, el asamblearismo y la democracia directa. La FAGC se desvincula de cualquier tipo de “tutela” y la forma de gestión interna y la supervivencia pacífica de la comunidad depende de todas las vecinas “aclara
Organización interna
Celebrada un domingo al mes al “Assambleatori” y abierta a todas las residentes que quieran decir la suya, la asamblea es el máximo órgano de poder y decisión de la comunidad. Allí se debaten los problemas comunitarios y los objetivos a alcanzar, aunque las agresiones o conflictos que imposibiliten la convivencia se plantean en asambleas extraordinarias puntuales. “Si hablamos de actitudes persistentes y la asamblea decide expulsar a alguien, la FAGC la realoja en otra vivienda, fuera de la comunidad” explica Ruymán.
Diferentes comisiones rotativas se reparten las tareas y objetivos comunitarios; los re-alojamientos de nuevas familias (actualmente con una lista de espera para otras 70 familias), el mantenimiento de los espacios, el trabajo en el huerto y el asesoramiento legal.
La comisión de economía tiene especial relevancia, ya que gestiona la aportación voluntaria de 25 euros mensuales por familia que, sobre todo, van destinados a sufragar el agua que abastece la comunidad. “Durante varias horas al día, el agua está cerrada y tenemos políticas de racionamiento verano-invierno” explica Ruymán. Esta comisión también gestiona las donaciones que personas y colectivos de todo hacen hacia la comunidad y que provienen, hasta la fecha, de movimientos libertarios ibéricos.
“Aunque la mayoría de gente no proviene de entornos militantes o activistas, funcionamos con principios libertarios porque son los más prácticos para organizarnos. Es un “anarquismo de barrio”, huyendo de grandes teorizaciones, porque prima la supervivencia. Vivimos en condiciones de extrema precariedad; se dan situaciones muy complicadas que no aparecen en los libros ya veces hay que improvisar “señala Ruymán.
“Aquí no somos el sexo débil” defiende la María, víctima de violencia de género en el pasado y que ahora lucha por que los servicios sociales le devuelva a sus hijos. “Llevamos parte del peso de la comunidad, gestionando comisiones, mediaciones y trabajos manuales. Es un feminismo espontáneo pero también consciente “.
Represión
Por otra parte, las residentes de la comunidad denuncian las continuas presiones ejercidas desde la Guardia Civil de Guía en forma de seguimientos, diligencias policiales, intimidaciones e identificaciones.
El mismo Ruymán fue detenido por agentes secretas de la Guardia Civil cuando salía de la comunidad el pasado Abril y fue llevado a dependencias policiales. “Fui golpeado y torturado durante 24 horas y recibí amenazas para que abandonara la comunidad y el municipio” declara. Una vez en libertad, Ruymán denunció los hechos con la juez a la vez que los agentes le imputaban un delito de atentado contra la autoridad.
Las residentes de la comunidad denuncian las continuas presiones ejercidas desde la Guardia Civil de Guía en forma de seguimientos, diligencias policiales, intimidaciones e identificaciones
“A comisaría me dijeron que me comería cinco años de prisión. Estamos a la espera de juicio. No me importa, es una estrategia de acoso y derribo de lo que hemos construido aquí. Quieren desestabilizarnos y me atacan porque creen que tenemos “líderes”, pero esto es horizontal y se sostiene solo “defensa Ruymán.
“A Guía no somos bienvenidos” explica Rocío, tesorera en funciones de la Comunidad. “Es un pueblo con un alto nivel adquisitivo, casi aristocrático. La GC nos acosa y dice que llenamos el pueblo de “basura”, en referencia a las personas de la comunidad, porque muchas de nosotros venimos de barrios guetificats de la isla con un fuerte estigma, como Jinama “explica.
“Tenemos los mismos problemas que cualquier comunidad de vecinos, pero somos pacíficos y vivimos tranquilamente, lo tenemos todo limpio y habilidad para los niños. Tenemos mucha más exigencia que el resto de familias de la isla; los servicios sociales venden cada día y amenazan con quitarnos los niños si algo no les gusta. “
Canarias, dañada por el paro y los desahucios
Las islas Canarias se basan en una economía terciarizada (75% de los puestos de trabajo), impulsada por el fuerte sector turístico. El año 2014, el archipiélago recibió cerca de 9,6 millones de visitantes, principalmente británicos y alemanes. Los últimos años, esta orientación hacia el turismo en las islas fue aparejada con un incremento del sector de la construcción.
Por el contrario, según el último informe de la Plataforma por la dignidad de las personas sin hogar, de 2012, cerca de 600.000 personas vivían en Canarias bajo el umbral de la pobreza y tan sólo un 25% de los hogares no presentaba ningún indicador de exclusión social.
Cerca de 600.000 personas vivían en Canarias bajo el umbral de la pobreza y tan sólo un 25% de los hogares no presentaba ningún indicador de exclusión social
Por otra parte, las elevadas tasas de paro han convertido crónicas los últimos años en las islas hasta convertirse en un mal social endémico que abarca diferentes estratos de población. Se trata de la comunidad autónoma con un mayor porcentaje de familias con todos sus miembros en paro (16%) y con una tasa de paro estabilizada en los últimos años en torno al 30%. Un 52% de las personas paradas son de larga duración, una cifra que no baja del 50% entre las menores de 25 años, según datos del INE.
Con estos indicadores, la virulencia de los desahucios ha sacudido con especial fuerza el archipiélago. Entre los años 2007 y 2014 el número de desahucios se cuadruplicó y se produjeron 16.634 ejecuciones hipotecarias. Sólo en el año 2014 y el primer trimestre de 2015 se registraron un total de 4.298 lanzamientos en las islas, según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). En el conjunto de las islas, se producen una media de 12 desahucios diarios.
Entidades como la PAH Canarias, que han declarado la situación de emergencia de vivienda, estiman que hay cerca de 130.000 viviendas vacías en todo el archipiélago y, por otra parte, cerca de 21.000 familias solicitantes de vivienda, según el gobierno de Canarias.
A raíz de las movilizaciones y las fuertes campañas ciudadanas en lucha contra los desahucios, el consejo de gobierno canario, “dada la situación de emergencia social”, aprobó en Junio ​​de 2014 la Ley de Vivienda de Canarias o La Ley contra los Desahucios , que permitía la aplicación de medidas de choque como la sanción o expropiación a los bancos e inmobiliarias de sus viviendas vacías.
Sin embargo, la ley no ha llegado a aplicarse debido al recurso interpuesto por el Gobierno central del PP ya la consiguiente suspensión cautelar de la ley por parte del Tribunal Constitucional en abril de 2015.

Los bloques han sido absorbidos por la SAREB.
Esperanza en el futuro
Actualmente, los bloques se encuentran en un complejo proceso judicial para dirimir su propiedad, ya que han sido absorbidos por la SAREB para liquidar la deuda de la propietaria con Bankia. Aún así, el recurso interpuesto por la propietaria contra esta absorción ha parado el procedimiento y la SAREB deberá superar el recurso para reclamar los bloques.
Pero sea cual sea el resultado del proceso judicial, la Esperanza se mantiene firme en su proyecto e intenta ahora regularizar los suministros básicos, a pesar del silencio administrativo del Ayuntamiento. “Actúa hipócritamente al ignorarnos pero, de manera” informal “, nos deriva familias necesitadas para que las acogemos”, critica la María. “Buscamos trabajo para salir de esta situación de miseria y también planteamos alguna forma de autofinanciarnos desde la comunidad, pero es complejo porque el Ayuntamiento está muy encima para acusarnos de cualquier cosa ilegal “. Y añade: “Lucharemos para regularizar nuestra situación jurídica y conseguir una cesión o alquiler asumible, pero aquí no podemos marchar. La Esperanza es el único que tenemos y lo seguiremos luchando“ .

https://directa.cat/actualitat/quan-lesperanca-es-lultima-opcio

Un día en “La Esperanza”

Son las 7 de la mañana, me desperezo y me dispongo a lavarme la cara. Abro el grifo y hay agua. Hoy la cuba tuvo que llegar puntual y Blas, miembro de la Comisión de Mantenimiento, pudo abrir el abastecimiento a las 7 según nuestro horario de racionamiento de agua. El bueno de Blas, y quienes le ayudan en Mantenimiento, se encargan del agua y de detectar y arreglar desperfectos para que la Comunidad funcione. No cobran nada por ello. ¿Por qué lo hacen? Por solidaridad y compromiso con “el proyecto”, no hay más.
Me visto y bajo al patio. Ahí están Judith y Azu barriéndolo y baldeándolo. Hoy no es lunes (nuestro día de limpieza general), pero quieren mantener las zonas comunes limpias, saben que a nosotros por ser “okupas” se nos mira con lupa. Cuando hay zafarrancho de limpieza se suman algunos hombres, pero desgraciadamente las mujeres siguen siendo mayoría en esta labor. Sin embargo, no se respira un aire machista; las mujeres son mayoría en casi todo. Las que vienen a solicitar vivienda son casi siempre mujeres; son mayoría en la asamblea y son las más participativas; las comisiones están llevadas casi todas por mujeres; cuando hay algún conflicto son las primeras en mediar e intervenir. El concepto de fuerza ha perdido en la Comunidad su estereotípico cariz masculino.

Un grupo de vecinos debate en los bancos del patio. Me sumo a la charla. Les preocupa el aumento del gasto de agua debido a los calores del verano. “A ver si los del ayuntamiento se deciden de una vez y nos ponen el agua, que no somos animales, joder”. Hablan de convocar una asamblea cuanto antes. “Hay que seguir presionando, seguir insistiendo con los medios, y si no manifestaciones o lo que haga falta”, repiten. Alguno es miembro de la Comisión Anti-desahucio, que se encarga de hablar con los medios y tratar de iniciar las negociaciones con la administración. Idahira, la tesorera (este mes le toca a ella), ataja enérgica: “mientras eso pasa lo que hay que hacer es ahorrar”. A ella se le entrega la “contribución comunitaria voluntaria” de 25 euros mensuales. Gracias a esos 25 euros podemos pagar las cubas de 10.000 litros diarios con los que nos abastecemos.
Les dejo con su conversación y me acerco al Asambleatorio (así llamamos al lugar dónde se celebran las asambleas y los talleres y eventos) porque veo algo que me gusta. Los niños están ensayando una obrita de teatro que hizo un vecino. Están entusiasmados, gritando y reproduciendo ruidos de animales. Algunas madres de la Comisión de Talleres les ayudan a ensayar. Miro a los niños y pienso que son lo mejor de la Comunidad. A pesar de la situación económica en la que se encontraban sus padres antes de venir aquí, a su manera estos niños son afortunados. No sólo por la oferta de ocio que hay en la Comunidad con los talleres y demás; estos niños están viviendo una experiencia que les dará una gran ventaja sobre el resto de miembros de su generación. Están aprendiendo y viviendo desde chiquititos lo que es el apoyo mutuo, la empatía, la diversidad, la tolerancia. Pienso en cuando sean grandes y recuerden este periodo de sus vidas. Estos niños serán hombres y mujeres el día de mañana que serán sensibles al dolor ajeno y sabrán que la colaboración es la única forma de resistir y que la justicia no es un ente abstracto.
Me avisan de Mantenimiento: se ha roto una tubería en el garaje. Bajo corriendo a ayudar. Nos pasamos horas arreglándola. Unos van a comprar el repuesto mientras otros serruchan el tramo para ponerle un acople. Aquí, ante mí, tenemos obreros cualificados (como Moisés, Carmelo, Iche y un largo etcétera) que cuando pasa algo de esto saben en cada momento qué hacer. Admiro sus conocimientos y pericia. No pierden nunca la calma en estas circunstancias. La arreglamos al fin.
Con la avería se nos ha hecho tarde, algunos no hemos tenido tiempo de prepararnos la comida. Rocío invita a comer a parte de la cuadrilla de Mantenimiento en su casa y Francisco a otra parte en la suya. Los que van a casa de Francisco disfrutaran de un menú de comida típica colombiana, y los que va a casa de Rocío aprovecharán para llevarse la ropa que amablemente les lavó el otro día. Esas redes espontáneas de apoyo mutuo se tejen día a día en “La Esperanza”. Olla común improvisada , unos vecinos le lavan la ropa a los que no tienen lavadora, otros ayudan a fabricar mobiliario para las casas con maderas recicladas, y así sucesivamente.
Entre los comensales distingo dos caras desconocidas con un niño al que tampoco identifico. Le pregunto a Rocío y me aclara que son “nuevos realojados”. Entraron porque otro vecino encontró trabajo y decidió entregar la llave a la Comisión de Realojo y darle a otra familia la misma oportunidad que le dieron a él. Los nuevos llevan en lista de espera algunos meses, han entregado toda la documentación necesaria para demostrar su situación de necesidad, ya han pasado varias entrevistas con los de Realojo y finalmente se les ha explicado bien “el proyecto” y han aceptado sus condiciones. Hablo con ellos. Que les llamaran de Realojo ha sido lo mejor que les podría pasar: 3 meses de impago de alquiler, agotada la paciencia del casero, les daba una semana para irse o iniciaba los trámites de desahucio. Sus ingresos de 300 euros les impedían pagar el alquiler y comer. Están emocionados y aún no han asimilado su nueva situación. Los vecinos recién llegados suelen venir sin nada. Directamente de la calle, de centros o de traumáticos desalojos. Como en este caso, es difícil que los primeros días los vecinos mas cercanos no le pongan un plato sobre la mesa y les ayuden a instalarse. La solidaridad en “La Esperanza” no es sólo cuestión de sensibilidad, sino de supervivencia.
Después de comer me doy un salto al huerto de la Comunidad. Allí están Javi y Julio, trabajando como siempre. El invierno se ha portado bien con el huerto, pero ahora empiezan los rigores del verano y les urge terminar de colocar las mangueras para el riego por goteo. La idea de Javi, el más implicado en la Comisión del Huerto, es que este se abastezca con cubas independientes. Teniendo en cuenta los problemas acuíferos de la Comunidad, es la única opción. Cerca del huerto corretean gallinas y cabritas. Todos son animales que ya no eran “útiles” para la explotación ganadera y que han sido salvados de ser sacrificados. Para algunos niños de la Comunidad este es el primer contacto que tienen con este tipo de animales. Enseñarles las sinergias que se dan entre los seres vivos y a empatizar con ellos es una experiencia bonita. Javi y Julio se despiden de mí, van a irse a buscar unas plantas forrajeras especiales para las cabras. Ya me contaran a la vuelta.
Cae la tarde, ahora mismo tengo que coger la guagua para irme a trabajar (soy de los pocos en la Comunidad que tiene un trabajo remunerado, aunque la gente se mata a hacer chapuzas, sacar chatarra, limpiar escaleras, para poner un plato en la mesa). Justo cuando estoy saliendo me vuelvo a encontrar con Azu y Rocío. Alguien ha visto nuestra petición de ayuda en la red y viene a traernos ropas, muebles y algunas garrafas de aceite. Rocío y Azu, junto con Ylenia y Lola, forman parte de la recién creada Comisión de Solidaridad (desde que salimos en los medios de comunicación decidimos crearla para gestionar la ayuda que pudiéramos recibir), se han puesto en contacto con ellas y están esperando para recibir tan generosa aportación. Salgo del portón con una sonrisa que crece aún más cuando me cruzo con un vecinito de apenas 8 años que me recuerda: “compa, no te olvides de que esta noche hay cine en el Asambleatorio”. Asiento con la cabeza y pienso que hoy tengo que intentar salir pronto del trabajo.
Mientras camino hacía la parada me vuelvo una última vez y miro hacia la entrada: “Comunidad Esperanza, lo último que se pierde”. Y pienso que aunque parezca increíble esto está ocurriendo en un pequeño y recóndito punto del Atlántico: la gente se ha organizado, ha cogido las riendas de su vida en sus manos y, pase lo que pase, no está dispuesta a renunciar a la esperanza.

Comunicado Comisión Anti-desahucio

Después de que en mayo de 2015 diéramos a conocer el proyecto de la «Comunidad Esperanza» a los medios de comunicación, y de que hiciéramos públicas nuestras demandas, sobre todo en relación al abastecimiento de agua, NADIE DEL AYUNTAMIENTO NI NINGÚN RESPONSABLE POLÍTICO SE HA PUESTO EN CONTACTO CON NOSOTROS. Se han escrito artículos denunciando la situación, radios y televisiones se han hecho eco incluso en el ambito estatal, se ha enviado documentación al Ayuntamiento de Santa María de Guía con jurisprudencia suficiente para demostrar que son ellos, y su alcalde Pedro Rodríguez, los responsables directos de garantizar el suministro de agua a los vecinos del municipio, y aún así han hecho oídos sordos. En vista de que sólo hemos recibido silencio administrativo, en breve convocaremos nuevamente a los medios de comunicación para anunciarles nuestra intención de denunciar esta dejación de funciones y negación de asistencia ante el Diputado del Común y si hiciera falta ante la justicia ordinaria. Ya tenemos preparada toda la documentación necesaria para ello. Y si los órganos políticos y de justicia se desentienden, iniciaremos un calendario de movilizaciones y concentraciones que no pensanos deponer hasta que consigamos nuestro objetivo: un suministro regular de agua como cualquier vecino, como todo ser humano. La «Esperanza» ni se resigna ni se calla.

 Fdo: Comisión Anti-desahucio