Cuando el sentido común expira

            Si alguna vez los anarquistas se plantearon abandonar el 15-M, si alguna vez el reformismo gris y pacato de alguna de las propuestas de este Movimiento les invitó a tirar la toalla, sus detractores han conseguido justo lo contrario pues han encontrado la peor forma de echarlos: ordenarles que se vayan. “Amigos” si quieren que un anarquista abandone una habitación jamás le señalen la puerta.
           


            Que “Asambleas unipersonales” (dos que ahora se reformulan como “15-M Norte”) hayan extraído de los “incidentes del 15-O” una lectura sobre la legitimidad de tales o cuales Asambleas, y no sobre la legitimidad de la violencia teledirigida contra “individuos aislados”, es bastante representativo. Que dichas “Asambleas” no gasten su tiempo en los desahucios, en la liberación de espacios públicos abandonados, en hacerles la puñeta a políticos y banqueros, y sí en perseguir anarquistas, es un poco alarmante.
            Muchas personas usan el membrete de algo que consideran “más grande que ellos” cuando no se atreven a dejar escapar sus prejuicios por su propia boca. Según lo ven, si le dieran “nombre propio” a sus opiniones éstas dejarían de tener el mismo peso, por lo cual se escudan tras la panoplia que representa un organismo o movimiento, como el 15-M, o tras la defensa de una Asamblea cuyo quórum acaba y empieza en sí mismos. Así se comprende que emitan sentencias que, si tuvieran que rubricarlas, de forma personal, se abstendrían de dar a conocer. Así se comprende que digan, con toda ligereza, y sin aportar ninguna prueba, que los anarquistas (eso sí, reconociendo –paradójicamente– que participamos “a título individual”) actuamos en bloque dentro de las Asambleas del 15-M o que den por sentado que todas las propuestas de “San Telmo”, sin excepción, provienen de anarquistas o, es más, exclusivamente de miembros de la FAGC.
            Pero ¿por qué este nuevo ataque? La lectura de la situación se nos antoja harto sencilla. Después de lo acontecido el 15-O algunos se frotaron las manos pensando que el Movimiento Anarquista en Gran Canaria estaba finiquitado. Pensaban que un prefabricado acto de “violencia en masa” iba a pasarnos factura (a nosotros, los que lo sufrimos), que nadie vería la situación desde el punto de vista de los agredidos y los censurados, que los individuos con pensamiento crítico no se atreverían a posicionarse a nuestro lado y que nosotros nos abstendríamos de contra-atacar… Se equivocaban.
            Sin hacer un análisis triunfalista, infinidad de personas nos manifestaron su apoyo  (de todas las ideologías, de todas las islas y hasta del resto del Estado español), nuestros comunicados eran secundados por numerosas voces, la web creció desorbitadamente, el programa de radio tuvo una fantástica acogida y muchos individuos inquietos se acercaron al grupo para colaborar o simplemente para ver “qué era eso del Anarquismo” y los motivos por los que algunos podían llegar a odiarlo tanto.
            Ésta era la reacción (que nos fortaleciéramos en vez de que nos desarticuláramos) que no se esperaban nuestros detractores. Del hecho de que no hayamos desaparecido ni hincado la rodilla es de donde proviene tanta “mala baba”. Sin embargo, nos es indiferente, porque como reza la única verdad que contiene esa suerte de demencial comunicado donde se nos “invita a irnos”: nosotros tenemos nuestra “propia revolución en marcha”.
            Aprended algo de la psicología del anarquista para la próxima vez, de la psicología del rebelde, de la psicología de las mujeres y hombres que luchan por ser libres, de la psicología de los que saben ser herejes en un ambiente de ortodoxia e iconoclastas en tiempo de fanatismo: nunca le den órdenes a un anarquista o, mientras no lo considere injusto o inoportuno, les desobedecerá y hará justamente lo contrario.
               No obstante, nuestros detractores (no los llamamos “enemigos” pues ese calificativo se lo reservamos a los de “arriba”) nunca comprenderán esto, pues los argumentos que esgrimen retratan perfectamente cuáles son sus intenciones y capacidades. Para los susodichos es incompatible con el asamblearismo que en dicho ámbito (parafraseamos) “se compartan creencias” (¿no servían también las asambleas para intercambiar ideas y pareceres?), usan el término “revolucionario” como un insulto y nos acusan de querer (cito textualmente) “suplantar las instituciones burguesas y […] [hacernos] con los medios de producción y distribución” (¿no era esa la idea?). Todo ello porque pretenden convertir las plazas en un “espacio” donde los partidos políticos vengan a evangelizarnos (eso vienen a decirnos en uno de sus comunicados), conclusión bien lógica si tenemos en cuenta que los que esto defienden ya tienen montados sus propios partidos (sean de viejo cuño o ad hoc) y ven al 15-M como un simple “ganado electoral” al que trasquilar. La inquina de tales personajes depende, principalmente, de que temen que los anarquistas les tiremos al suelo el cazo de las subvenciones que tanto les está costando levantar.
            Así se entiende que pidan la disolución de la asamblea de San Telmo, que digan que los anarquistas “la controlamos” (cosa difícil cuando nuestro grupo se formó, de forma espontánea, cuando ya el 15-M llevaba tiempo en marcha [incluso de capa caída], y cuando siempre nos hemos puesto como objetivo no mencionar asuntos relacionados con el 15-M en nuestras reuniones internas y específicas), que segreguen y se arroguen la potestad de decidir qué es y qué no es 15-M, y que definan a “su” Movimiento (uso el posesivo porque en sus documentos hablan del Movimiento anteponiéndole el acaparador término de “nuestro”) como “ni revolucionario, ni reformista” (es decir, la forma “elegante” de decir que son reformistas convencidos [¿acaso no se declara veladamente racista el que dice que no es ni racista ni anti-racista?]).
 Sea como sea, tendrán que esforzarse mucho más si pretenden que pleguemos velas. En el corto período de vida de nuestra federación hemos repelido agresiones de toda índole y resistido toda suerte de linchamientos; diversos colectivos, partidos y organizaciones se han coaligado en nuestra contra; la policía nos ha echado el ojo y hasta la ultraderecha (según acabamos de saber) ha intentado colarnos un falangista en nuestro entorno más cercano… Si nada de esto nos ha tumbado, nadie conseguirá callarnos por mucho papel que se emborrone con amenazas u órdenes. “Amigos”, van a tener que hacerlo mucho mejor si quieren que nos vayamos, porque cuanto más fuerte traten de amordazarnos más fuerte gritaremos.

Cuanto más se persigue a quienes creen en las causas justas, más se propagan sus ideas”.
Albert Fisher (uno de los llamados “mártires de Chicago”) durante el juicio al que fue sometido como anarquista, 1886.


FAGC