Canarias, la cárcel más grande del Estado

Ilustración de «Maria.» (twitter e instagram).

La ubicación geográfica de Canarias la coloca de forma natural en las rutas migratorias habituales para salir del continente. Su situación en el Atlántico la ha convertido también en un punto de conexión tricontinental, un lugar de paso histórico en la travesía de Europa a América. El volumen de emigración canaria fue enorme desde el siglo XVI hasta el XX y aún hoy mantiene diásporas destacables en países como Cuba, Puerto Rico o Venezuela (llamada durante mucho tiempo en Canarias “la octava isla”). La afirmación de que habían más canarios viviendo fuera de las islas que en ellas fue un lugar común a principios del siglo pasado.

Lo expuesto podría darnos a entender que en Canarias se entiende el fenómeno migratorio con naturalidad, pero desgraciadamente, y al menos actualmente, no es así. En las islas se vive una situación de disociación colectiva de la propia realidad geográfica, social y política. La educación estatal, el bombardeo mediático, la propaganda cotidiana, las políticas gubernamentales, han hecho que un alto porcentaje de la población canaria desarrolle un fuerte identitarismo europeo. En Canarias vivimos de espaldas al continente africano, aun estando a sólo 95 kms del mismo. La idea de ser una de las últimas colonias de Europa no es algo que se confronte. Que el archipiélago sea uno de los territorios de la “Europa política” más empobrecidos, con mayor ratio de desempleo, desahucios, exclusión social y pobreza infantil no ha evitado, paradójicamente, que impere el eurocentrismo, la mentalidad procolonial, el nacionalismo español o el chovinismo insular y la xenofobia. Nos han educado, desde la escuela, para estar orgullosos de ser “europeos de segunda” y para señalar, ante cualquier crisis económica o social, a los extranjeros pobres.

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Mimi y el mar

Mimi tiene 9 años y hace unos meses llegó a Gran Canaria. No llegó en avión. No es una turista. Mimi nació en Guinea-Conakry (República de Guinea) y embarcó en la costa africana en un destartalado cayuco en el que se amontonaban otras 100 personas.

Pasó varias semanas en alta mar. El agua y la comida se acabaron demasiado pronto. A la semana ya había gente que estaba empezando a beber agua del mar. Mimi también bebió, para probarla. Su madre le había dicho que nunca bebiera agua del mar, pero su madre llevaba dos días sin hablar y sin reaccionar. Llevaba así desde que su hermana murió y tuvo que aceptar que la tiraran al océano. Mimi aún hoy no es muy consciente de que su tía esté muerta. Pero recuerda cómo cayó su cuerpo al mar, el ruido que hizo al contacto con el agua y como su chaqueta negra se iba alejando poco a poco. Dos días después todavía creía verla en el horizonte. Lo mismo pasó con otras 5 ó 6 personas, no recuerda. Nos dice, en francés, que “se fueron nadando”.

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Espabilar a las que callan

El odio no es una opinión. Debatir con racistas es validar su odio. Sin embargo, hay que acabar con la indolencia de la mayoría, que calla y normaliza la escalada de violencia en Canarias, patrocinada por las políticas racistas del gobierno más progresista de la historia y alentada por los fascistas de siempre y sus medios afines. No podemos normalizar las cacerías, las agresiones y amenazas a migrantes. No podemos permitirnos que nadie duerma al raso en barrancos, en un muelle con 2600 personas, en un CIE o en Barranco Seco en catres de lona, con mantas racionadas, sin comida, baños o agua suficiente.

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Imagen del periódico local «La Provincia»

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Nacen «Las Masías»

Estas últimas semanas un grupo de familias migrantes se han puesto en contacto, desesperadas, con la FAGC. Han vivido situaciones durísimas de racismo social e institucional. Se ven sin casa, sin refugio alguno, viviendo como proscritos, perseguidos, acosados, sin asistencia sanitaria ni de ningún tipo, sin red de apoyo alguna más allá de sus paisanos. Gracias a estos han conseguido contactar con nosotros.

En un trabajo común, en el que han sido los primeros en implicarse, hemos ocupado dos inmuebles. Uno es un chalet abandonado y otro un edificio de 6 viviendas, de nueva construcción, en las mismas circunstancias.

Las 9 familias realojadas (3 en el chalet y 6 en el bloque. Un total de 31 personas, 18 de ellas niños) han pasado a gestionar, de forma directa, ambas edificaciones. En la FAGC les hemos prestado toda la asesoría posible y les hemos dado unos rudimentos básicos. Pero después de nuestra propia experiencia, y comparando también con otras experiencias habitacionales basadas en la okupación en el resto del Estado, hemos decidido no interferir nada en la gestión interna del inmueble. Actualmente todas las ocupaciones en las que ha intervenido la FAGC son gestionadas al 100% por los realojados. Con mejores o peores resultados, hay que asumir que esos son los riesgos de la autonomía y la autogestión.

¿Por qué se llaman «Las Masías» (I y II)? Bien, la situación económica de la FAGC es desastrosa. Multas, embargos, abogados, etc. Pero en nuestro último viaje a Catalunya para contar nuestras experiencias, la CNT de Sabadell (y también la PAH de allí) organizaron un acto para recaudar fondos para nuestra lucha, y gracias a eso, lo decimos abiertamente, esas 9 familias tienen casa. Con lo recaudado hemos podido, por ejemplo, comprar los materiales que permitirán a esas familias disponer de agua y luz.

La FAGC se encuentra como colectivo en un momento paradógico. Cada vez hay menos anarquistas participando, pero cada vez tanto la gente de a pie (los más excluidos de entre ellos) como los que tienen inquietudes sociales o formativas se interesan más por nuestra federación y se acercan a ella para colaborar. La lectura que hacemos es que los anarquistas están interesados en otras cosas, justo en el momento en el que la gente más necesita y requiere de nuestras herramientas. Sin embargo, esto abre un debate y una reflexión dentro de la FAGC. ¿Puede haber una federación anarquista sin anarquistas? ¿Deberíamos convertirnos en un Sindicato de Inquilinos más amplio y mandar a la FAGC al rincón de pensar una temporada?

Mientras hallamos la respuesta seguimos trabajando. Y mientras podamos en la isla seguirán naciendo ejemplos como el de «Las Masías». Se puede luchar contra los CIE’s denunciado y protestando, pero también se puede ayudar a la gente a no caer en sus garras. En eso estamos.